Enhorabuena, las lenguas de nuestro abnegado y siempre brillante periodismo de vanguardia, han logrado inventar una nueva palabra, cuya etimología (media spanglish, media banana y un cuarto iletrada) nos invoca a reflexionar acerca del acto de homicidio como una manera más de discriminar a las minorías. Claro que esta innovación lingüística no es tal pues, los intrépidos que consideraron al feto inhumano duermen tranquilos en sus almohadas. Me gustaría celebrar, por tanto, las nuevas ramificaciones de la palabra «homicidio», las cuales harán furor con seguridad y les brindará al lector y/o telespectador, unas cuantas fantochadas más para hacerse popó en los pantalones.
castricidio: método comúnmente asociado a los nazis durante la segunda guerra mundial, hoy popular elección entre los perros y los gatos y, en el futuro, considerado para tratar el problema de la creciente población "cabeza".
penecidio: desambiguación con impotente o "flojito y tembloroso" y en consecuencia desestimada por los académicos como el antónimo de la precocidad. Significa "... acción o efecto de matar a un pene". Vocablo de una feminista tipo, su célebre ejemplo es Lorena Bobbit.
puticidio: nombre intuitivo.
chorricidio: véase también "negricidio", "cumbianchicidio", "wachicidio", "bolicidio", "paraguayicidio", "pesticidio", "raidicidio" y "villericidio", entre otros.
cheticidio: empleo de la voluntad de asesinar tanto a la platea VIP de los pumas como a la mitad de la población de Punta del Este en temporada de verano.
kirchnericidio: acción o efecto de matar a un corrupto, vil e inescrupuloso.
antikirchnericidio: acción o efecto de matar a un corrupto, vil e inescrupuloso.
colmicidio: "... voluntad o ganas de asesinar a una persona que habla de la miseria mientras exhibe un sinnúmero de joyas en su vetusto cuerpo" o, simplemente, acción de matar a Mirtha Legrand.
izquierdicidio: o "matar a un zurdito". Jerga generalizada entre los ciudadanos chilenos y nuestro prominente campesinado.
peticidio: cuya onomatopeya, hoy bajo revisión, sería: "uh, me cagaste el pete".
forricidio: sonríe, mañana serás papá.
Se sugiere, a discreción de las más altas esferas doctas y preparadas, la inclusión de un nuevo término con el sólo fin de enriquecer el lenguaje.
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5 de octubre de 2011
11 de abril de 2011
monty python flying circus: el problema del ratón
Hartistas sin «H» por supuesto, Monty Python nos insta a reflexionar sobre algunas minorías que bien podrían pasar desapercibidas en nuestra sociedad.
18 de enero de 2011
apophthegma nro 17
Encontré esta cita de Jaume Perich que puede resultar un tanto hilarante:
La gente joven está convencida de que posee la verdad.
Desgraciadamente, cuando logran imponerla ya ni son jóvenes ni es verdad.
La gente joven está convencida de que posee la verdad.
Desgraciadamente, cuando logran imponerla ya ni son jóvenes ni es verdad.
13 de enero de 2011
¿tu jefe o cliente te trata mal? vení que te explico por qué
El título de este post, al margen de ser una completa falacia y un embuste al clickeador, tiene que ver sin embargo con esa supuesta reciprocidad entre el empleado/proveedor y el jefe/cliente, inherente en las teorías económicas más recientes, prácticamente inexistente en las prácticas del día a día.
El capitalismo, como sistema económico, es una de las mayores estupideces que ha creado la humanidad -le seguirán Dios, la Patria y Dios sabe qué más-; su cadena de producción, de consumo constante da cuenta de esa necedad, vendiéndole a una persona el mismo producto más de una vez. Muchos blasfeman a este sistema como injusto, y lo culpan de la creciente brecha socioeconómica, de la falta de espíritu del hombre, de su superficialidad, de su falta de sexo, de su sobredosis de sexo, en fin, de esa excedente y sartreana insipidez que hoy llamamos era posmoderna. Lo cual nos lleva a lo siguiente: el método con el que se emplea el sistema es injusto, la concepción del mismo una estupidez.
Ahora bien, lectores, jamás pretendan que un nacimiento enclenque crezca con vigor y salud; antes aún, prepárense para lo que viene. El mejor ejemplo es la relación previamente mencionada, cuya amarga raíz, nos remite a pensar si ha sido concebida en pecado, incesto, sodomía o, quizá, durante un arrebato de embriaguez; un hijo malparido, un bastardo, con quien debemos lidiar continuamente. Se debe a este hecho, y no a otro, que el jefe/cliente suela recriminar, criticar destructivamente y, en determinados casos, hasta insultar al empleado/proveedor, cuando éste no cumple con su tarea o lo hace a medias. Se cree, muchas veces bajo el efecto de la inconsciencia, que se paga por este derecho mediante el dinero; de ser así, el empleado/proveedor deberá caer en la cuenta de este nuevo servicio o valor agregado que brinda felizmente y en consecuencia facturarlo. ¿De qué otra forma, sino, podrá el jefe/cliente felicitar al otro por un buen trabajo?
El empleado/proveedor siempre será sometido por el reproche gutural del jefe/cliente, nunca alentado. Propongo, a pesar de esta cruel verdad, que todas las víctimas, sean empleados o proveedores, confeccionen una lista de precios a fin de poder beneficiarse de tanto maltrato. El siguiente bosquejo expone mi idea:
Nivel 1: "Yo no quería esto de esta forma" o equivalentes - $100 por frase
Nivel 2: "Es la última vez que te lo digo" o equivalentes - $350 por frase
Nivel 3: "A veces me parece que trato con un infradotado" o equivalentes - $1.000 por frase
Nivel 4: "Forro", "Hijo de puta", o equivalentes - $5.000 por frase
A ver si equilibramos un poco la balanza.
El capitalismo, como sistema económico, es una de las mayores estupideces que ha creado la humanidad -le seguirán Dios, la Patria y Dios sabe qué más-; su cadena de producción, de consumo constante da cuenta de esa necedad, vendiéndole a una persona el mismo producto más de una vez. Muchos blasfeman a este sistema como injusto, y lo culpan de la creciente brecha socioeconómica, de la falta de espíritu del hombre, de su superficialidad, de su falta de sexo, de su sobredosis de sexo, en fin, de esa excedente y sartreana insipidez que hoy llamamos era posmoderna. Lo cual nos lleva a lo siguiente: el método con el que se emplea el sistema es injusto, la concepción del mismo una estupidez.
Ahora bien, lectores, jamás pretendan que un nacimiento enclenque crezca con vigor y salud; antes aún, prepárense para lo que viene. El mejor ejemplo es la relación previamente mencionada, cuya amarga raíz, nos remite a pensar si ha sido concebida en pecado, incesto, sodomía o, quizá, durante un arrebato de embriaguez; un hijo malparido, un bastardo, con quien debemos lidiar continuamente. Se debe a este hecho, y no a otro, que el jefe/cliente suela recriminar, criticar destructivamente y, en determinados casos, hasta insultar al empleado/proveedor, cuando éste no cumple con su tarea o lo hace a medias. Se cree, muchas veces bajo el efecto de la inconsciencia, que se paga por este derecho mediante el dinero; de ser así, el empleado/proveedor deberá caer en la cuenta de este nuevo servicio o valor agregado que brinda felizmente y en consecuencia facturarlo. ¿De qué otra forma, sino, podrá el jefe/cliente felicitar al otro por un buen trabajo?
El empleado/proveedor siempre será sometido por el reproche gutural del jefe/cliente, nunca alentado. Propongo, a pesar de esta cruel verdad, que todas las víctimas, sean empleados o proveedores, confeccionen una lista de precios a fin de poder beneficiarse de tanto maltrato. El siguiente bosquejo expone mi idea:
Nivel 1: "Yo no quería esto de esta forma" o equivalentes - $100 por frase
Nivel 2: "Es la última vez que te lo digo" o equivalentes - $350 por frase
Nivel 3: "A veces me parece que trato con un infradotado" o equivalentes - $1.000 por frase
Nivel 4: "Forro", "Hijo de puta", o equivalentes - $5.000 por frase
A ver si equilibramos un poco la balanza.
4 de diciembre de 2010
apophthegma nro 15
Howard Hughes dixit:
The way of the future
Huh!
The way of the future
Huh!
The way of the future
Huh!
The way of the future
Huh!
The way of the future...
Show me the blueprints... seriously, show me the blueprints. Show me the blueprints, show me the blueprints, show me the blueprints, showmetheblueprints, showmetheblueprints, showmetheblueprintsshowmetheblueprintsshowmetheblueprintsshowmetheblueprints...
"Quarantine": Q - U - A - R - A - N - T - I - N - E. Quarantine...
The way of the future
Huh!
The way of the future
Huh!
The way of the future
Huh!
The way of the future
Huh!
The way of the future...
Show me the blueprints... seriously, show me the blueprints. Show me the blueprints, show me the blueprints, show me the blueprints, showmetheblueprints, showmetheblueprints, showmetheblueprintsshowmetheblueprintsshowmetheblueprintsshowmetheblueprints...
"Quarantine": Q - U - A - R - A - N - T - I - N - E. Quarantine...
28 de noviembre de 2010
8 de septiembre de 2010
6 de septiembre de 2010
teatro anónimo contemporáneo
Cuando nos hallamos frente a una obra maestra, algunas personas quedan boquiabiertas, otras sollozan y las más atrevidas sueltan risotadas. Para ser un hartista como este, necesitamos probar un poco de mediana edad -y de su calvicie y sobrepeso-, de soledad, de aburrimiento, de tolerar siquiera la compañía de una mascota pero, más aún, de cierto patetismo que pocos de nosotros podemos alcanzar.
Have fun...
Have fun...
28 de enero de 2010
Clarín F.C. - los 11 de memoria
Fundado el 28 de agosto de 1945 por Roberto Noble, Clarín F. C. hace su aparición en primera división con una derrota frente a Deportivo Perón. Con los años, estos dos equipos se convertirían en rivales naturales y conformarían, popularidad mediante, el clásico más importante del fútbol argentino. A mediados de la década del ´70 y a punto de perder la categoría, Clarín F. C., junto con otros dos equipos acechados por el descenso, reciben la ayuda de unos señores importantes que vestían atavíos militares y eran hábiles en el empleo de la electricidad. A finales de la década del ´70 y principios de los ´80, Clarín F. C. gozaría de un marcado éxito, ganando dos copas de extrema relevancia: la copa Papel Prensa S.A. y la Volteemos a Alfonsín. Logró consagrarse campeón del cuadrangular Pizza y Champán con el aval de algunos dirigentes y, más tarde, fusionaría todos los planteles de sus sucursales a fin de pelear seriamente el título del Apertura Monopólico ´99. La desesperación por defender esta corona en la actualidad lo ha dejado en la mitad de la tabla pero, aún con chances de ganarlo.Los 11 de memoria - Clarín F.C. Apertura Monopólico 2010
1- Magdalena Ruiz Guiñazú: de amplia trayectoria y con una voz de mando bastante peyorativa, los años han vuelto a esta arquera un tanto senil y floja de reflejos. Algunos simpatizantes aseguran que es el típico caso de un jugador en el ocaso de su carrera, cuyo único objetivo es aferrarse al puesto el mayor tiempo posible.
Una línea de tres en la defensa
2- Marcelo Bonelli: un defensor que se desploma ante cada barrida y cruce del contrario. En los últimos juegos, su habilidad de desplomarse se convirtió en un arma de doble filo, desplomándose en momentos que no debía desplomarse y viceversa; ante su racha negra de desplome, los hinchas comenzaron a apodarlo "plomado" o "plomo", porque deja a toda la defensa expuesta al menor de los ataques.
3- Gustavo Sylvestre: un atleta, marca todo lo que ve, barre a todo lo que se mueve e insulta a todos los que lo provoquen. Sin embargo, esta actitud lo ha llevado a ser uno de los personajes menos queridos del ambiente, razón por la cual optó por dejarse la barba en candado en arras de intimidar aún más a sus rivales. Un periodista escribió un artículo en su columna sobre las reacciones de Sylvestre en el vestuario y lo tituló: "Llorón: Sylvestre solloza después de que lo hostigan en un partido". Al día siguiente el periodista fue despedido.
4- Edgardo Alfano: de menor jerarquía que sus compañeros de zaga, Alfano ha probado ser un jugador muy regular y se ha caracterizado por asistir al equipo en cualquier disparatada. Algunos piensan que es un central muy sacrificado; la prensa especializada opina que "lo único que hace de Alfano un central decente es la apariencia de su rostro".
El doble 5
5- Santo Biasatti: un cinco clásico, de antaño, pesado, de voz grave y efigie formal, bien bruto y convenientemente retrógrada. Si bien algunos opinan que está fuera de forma para la exigencia que demanda su puesto, otros lo encuentran en plena forma: lo que no logra con su fútbol, lo compensa con su lengua.
6- María Laura Santillán: no se dejen engañar por el aspecto frágil y maquillado de esta ponzoñosa habitante del mediocampo. Porque, en rigor de la verdad, mete miedo.
Dos carrileros
7- Sergio Lapegüe: de aspecto bonachón, Lapegüe es el primer prototipo de una generación de futbolistas diligente y servil, de una lealtad y obsecuencia casi feudal, y con la particularidad de agachar la cabeza ante cada orden de su técnico. En resumen, Lapegüe comparte la característica fundamental del atleta del futuro: la esclavitud.
8- María O´Donnell: rechazada de la Selección Nacional en virtud de la dudosa procedencia de su apellido, O´Donnell es una de las tantas futbolistas que declama a los cuatro vientos su independecia de las instituciones deportivas. Asegura que "en cada partido pongo todo y lo único que me importa adentro de la cancha es el fútbol y nada más". Según algunos simpatizantes, esa independencia posee el módico costo de 90.000 pesos mensuales.
Un enganche
10- Héctor Magnetto: el cerebro, el talento, el engaño ante cada dribbling y la viveza que sólo los empresarios multimillonarios saben desarrollar para amasar su fortuna. Cuando lo marcan, no se sabe para qué lado va a ir: si para la derecha, si para la izquierda, hacia el centro o sus diagonales. Artero innato, a veces parece que va a salir por la izquierda y termina saliendo por la derecha. Pero lo cierto es que nadie sabe realmente para dónde va a salir Magnetto cada vez que dribblea, excepto él mismo. Recientemente, se frustró su pase al Club Atlético Telecom Argentina.
Dos delanteros
9- Joaquín Morales Solá: un clásico nueve de área, siempre dispuesto a cabecear todos los centros que le arrojan sus compañeros. Y cuando su equipo no logra abastacerlo, posee la capacidad de inventar sus propias situaciones de gol. Un rematador extraordinario.
11- Nelson Castro: rápido y letal por las bandas, Castro es un amante del fútbol extranjero. No hace muchos días declaró ante la prensa que "si fuera por mí, importaría todo de afuera: el trigo, la leche, la carne... ¡ah!, y el fútbol por supuesto". Demócrata tanto en la vida como en la cancha, organiza un concurso dentro de su equipo a fin de determinar quién es el más apto para quebrar al rival más peligroso de turno. Los hinchas, mientras tanto, se preguntan cuánto va a durar esa mandíbula.
El D.T.
Ernestina Herrera de Noble: muchos son los técnicos que se definen por sí mismos. Este no es el caso de Ernestina. A ella la definen los 11 de memoria.
9 de julio de 2008
la insoportable responsabilidad de ser cliente
Del otro lado del teléfono, la vendedora sonaba promisoria. De una aguda elegancia, su voz se comprometía fielmente con el proyecto de proporcionarle al cliente nro 288.388 una buena conexión de internet. Y si todos los servicios de los países tercermundistas fueran la mitad de eficaces de lo que dicen ser, ni el cliente nro 288.388 tendría razones para enloquecer, ni la vendedora se convertiría en una arpía embustera.
El cliente nro 288.388 finalmente enloqueció y recordó a la vendedora como a una arpía embustera.
Famosa por la publicidad en cuyo leitmotiv se ofrecía la posibilidad de salvar una especie en extinción mediante una serie de sugerencias conyugales, la compañía brindaba, día y noche, un servicio adicional en caso de algún desperfecto técnico. El cliente nro 288.388 había experimentado ciertas dificultades a la hora de observar videos y creyó conveniente informarles al respecto; así pues, luego de marcar una especie de código de barras de supermercado antes que un número telefónico, fue recibido por una retahíla de frases y opciones articuladas a través de una grabación, cuya lentitud ponía muy celosos a los creadores de la hora oficial.
La opción 1 era para la instalación del servicio en la nueva clientela, la opción 2 para la mesa de ayuda de los clientes activos o «servicio técnico», la opción 3 para administración, la 4 para los mestizos locales, la 5 para los mestizos extranjeros -bolivianos, paraguayos, peruanos, etc- y la 6 para los veteranos de las Islas Malvinas. El cliente nro 288.388 presionó sobre el 2, al cabo de lo cual se le abrieron nuevas opciones: la opción 1 indicaba servicio técnico del software, la opción 2 del hardware, la 3 del softhard, la 4 del hardsoft, la 5 del wareware y la 6 para la conexión. Apretó el 6. Se hizo un breve silencio que culminó con una nueva voz:
-Centro Odontológico San Justo, ¿hola?
Cortó. Marcó nuevamente y presionó el 2, y más tarde el 1. Un extracto de la novena sinfonía de Beethoven combinada con alguna tonada musical de la década del 80 prorrumpió en sus oídos. La pieza se interrumpía de a breves momentos seguida por otra grabación:
-Todos nuestros operarios se encuentran ocupados. Aguarde en línea y será atendido.
Luego de unos minutos, uno de sus operarios se desocupó:
-Mi nombre es Gerardo, ¿en qué podemos ayudarlo?
El cliente nro 288.388, pese a su impaciencia, relató el problema con la mayor parsimonia:
-Hola, sí. Mirá, Gerardo, los videos de las páginas se me entrecortan.
A lo que Gerardo replicó:
-Sí, dígame, ¿cuál es su número de cliente?
-288.388.
-Aguarde en línea, por favor.
-Sí, claro.
Novena sinfonía de los ochenta.
-Gracias por esperar. ¿Cuál era su problema?
-Los videos de las páginas se me entrecortan.
-Esto es servicio técnico de software. No tratamos ese problema.
-¿Y para qué me pedís el número de cliente, sabiendo que no me podés ayudar?
Cortó. Marcó nuevamente y presionó al azar una infinidad de veces. Novena sinfonía de los ochenta. «Todos nuestros operarios se encuentran ocupados. Aguarde en línea y será atendido». Rebuzno. Novena sinfonía de los ochenta. Pausa y en seguida:
-Danilo es mi nombre, ¿en qué puedo ayudarlo?
El cliente 288.388 volvió a rebuznar:
-288.388.
-¿Perdón? No le entiendo.
-Mi número es 288.388.
-Aguárdeme un segundo.
Novena sinfonía.
-Gracias por aguardar. Dígame su problema.
-¿Ustedes sienten alguna compasión por Beethoven?
-¿Cómo?
-No, nada. Te voy a contar mi problema, Danilo: yo crecí en la década del noventa, cuando, en plena pubertad, debía conformarme con alguna insípida escena de sexo de alguna película norteamericana o adivinar qué ocurría detrás de la distorsionada imagen de Playboy TV. Lo cierto es que me daba un poco de vergüenza rogarle a mis padres que pagaran pornografía, al margen de que mi padre fuese un aficionado a ella. Internet ha cambiado todo eso; ahora puedo ver cualquier tipo de pornografía, en el horario y lugar que yo quiera. El pajero de hoy está ampliamente cubierto e incluso, bajo determinadas circunstancias, feliz -le explicó-. Ayer en la noche, traté de reproducir una escena de un trío lésbico, pero la imagen se detenía durante diez segundos y continuaba a los quince, lo cual me dificultaba la tarea de saciar mis deseos masturbatorios y, todavía más, la posibilidad de una eyaculación. Tengo miedo por mi salud, Danilo. Yo no sé qué puede ocurrir con mis genitales o mi placer sexual si se ven suspendidos continuamente en su clímax. Y si se me estropea el pene, te voy a hacer a vos y a la compañía responsables. Sí, señor. Porque yo sé cómo funciona este sistema...
-Señor...
-¡Yo sé cómo funciona, te digo! A los clientes 277.377, 299.399 y a mí les quitan un pedazo de su conexión para el posible cliente nro 300.400, de forma tal que ni el 277.377, 299.399 o yo caigamos en la cuenta de que nos están estafando. Porque eso es lo que hacen todos, ¿no es cierto? Es una verdad universal: ustedes son estafadores. Y eso está bien. Cuando contraté el servicio, no esperaba otra cosa. Pero yo quiero ver la escena del trío lésbico sin que se entrecorte la imagen. No me importa lo que hagan; quítenle un pedazo más grande al cliente nro 277.377 o al 299.399. ¿Comprendiste, Danilo?
-Aguárdeme un segundo. Lo voy a comunicar con mi supervisor.
Novena sinfonía. El cliente nro 288.388 esperó alrededor de diez minutos por el supervisor:
-Sí, señor. Danilo me cuenta que tiene problemas con el video.
-Eso es correcto.
-Lo lamento, pero acá no tratamos ese problema.
Si todos los servicios de los países tercermundistas fueran la mitad de eficaces de lo que dicen ser, el cliente nro 288.388 no debería recurrir a los catálogos de lencería.
El cliente nro 288.388 finalmente enloqueció y recordó a la vendedora como a una arpía embustera.
Famosa por la publicidad en cuyo leitmotiv se ofrecía la posibilidad de salvar una especie en extinción mediante una serie de sugerencias conyugales, la compañía brindaba, día y noche, un servicio adicional en caso de algún desperfecto técnico. El cliente nro 288.388 había experimentado ciertas dificultades a la hora de observar videos y creyó conveniente informarles al respecto; así pues, luego de marcar una especie de código de barras de supermercado antes que un número telefónico, fue recibido por una retahíla de frases y opciones articuladas a través de una grabación, cuya lentitud ponía muy celosos a los creadores de la hora oficial.
La opción 1 era para la instalación del servicio en la nueva clientela, la opción 2 para la mesa de ayuda de los clientes activos o «servicio técnico», la opción 3 para administración, la 4 para los mestizos locales, la 5 para los mestizos extranjeros -bolivianos, paraguayos, peruanos, etc- y la 6 para los veteranos de las Islas Malvinas. El cliente nro 288.388 presionó sobre el 2, al cabo de lo cual se le abrieron nuevas opciones: la opción 1 indicaba servicio técnico del software, la opción 2 del hardware, la 3 del softhard, la 4 del hardsoft, la 5 del wareware y la 6 para la conexión. Apretó el 6. Se hizo un breve silencio que culminó con una nueva voz:
-Centro Odontológico San Justo, ¿hola?
Cortó. Marcó nuevamente y presionó el 2, y más tarde el 1. Un extracto de la novena sinfonía de Beethoven combinada con alguna tonada musical de la década del 80 prorrumpió en sus oídos. La pieza se interrumpía de a breves momentos seguida por otra grabación:
-Todos nuestros operarios se encuentran ocupados. Aguarde en línea y será atendido.
Luego de unos minutos, uno de sus operarios se desocupó:
-Mi nombre es Gerardo, ¿en qué podemos ayudarlo?
El cliente nro 288.388, pese a su impaciencia, relató el problema con la mayor parsimonia:
-Hola, sí. Mirá, Gerardo, los videos de las páginas se me entrecortan.
A lo que Gerardo replicó:
-Sí, dígame, ¿cuál es su número de cliente?
-288.388.
-Aguarde en línea, por favor.
-Sí, claro.
Novena sinfonía de los ochenta.
-Gracias por esperar. ¿Cuál era su problema?
-Los videos de las páginas se me entrecortan.
-Esto es servicio técnico de software. No tratamos ese problema.
-¿Y para qué me pedís el número de cliente, sabiendo que no me podés ayudar?
Cortó. Marcó nuevamente y presionó al azar una infinidad de veces. Novena sinfonía de los ochenta. «Todos nuestros operarios se encuentran ocupados. Aguarde en línea y será atendido». Rebuzno. Novena sinfonía de los ochenta. Pausa y en seguida:
-Danilo es mi nombre, ¿en qué puedo ayudarlo?
El cliente 288.388 volvió a rebuznar:
-288.388.
-¿Perdón? No le entiendo.
-Mi número es 288.388.
-Aguárdeme un segundo.
Novena sinfonía.
-Gracias por aguardar. Dígame su problema.
-¿Ustedes sienten alguna compasión por Beethoven?
-¿Cómo?
-No, nada. Te voy a contar mi problema, Danilo: yo crecí en la década del noventa, cuando, en plena pubertad, debía conformarme con alguna insípida escena de sexo de alguna película norteamericana o adivinar qué ocurría detrás de la distorsionada imagen de Playboy TV. Lo cierto es que me daba un poco de vergüenza rogarle a mis padres que pagaran pornografía, al margen de que mi padre fuese un aficionado a ella. Internet ha cambiado todo eso; ahora puedo ver cualquier tipo de pornografía, en el horario y lugar que yo quiera. El pajero de hoy está ampliamente cubierto e incluso, bajo determinadas circunstancias, feliz -le explicó-. Ayer en la noche, traté de reproducir una escena de un trío lésbico, pero la imagen se detenía durante diez segundos y continuaba a los quince, lo cual me dificultaba la tarea de saciar mis deseos masturbatorios y, todavía más, la posibilidad de una eyaculación. Tengo miedo por mi salud, Danilo. Yo no sé qué puede ocurrir con mis genitales o mi placer sexual si se ven suspendidos continuamente en su clímax. Y si se me estropea el pene, te voy a hacer a vos y a la compañía responsables. Sí, señor. Porque yo sé cómo funciona este sistema...
-Señor...
-¡Yo sé cómo funciona, te digo! A los clientes 277.377, 299.399 y a mí les quitan un pedazo de su conexión para el posible cliente nro 300.400, de forma tal que ni el 277.377, 299.399 o yo caigamos en la cuenta de que nos están estafando. Porque eso es lo que hacen todos, ¿no es cierto? Es una verdad universal: ustedes son estafadores. Y eso está bien. Cuando contraté el servicio, no esperaba otra cosa. Pero yo quiero ver la escena del trío lésbico sin que se entrecorte la imagen. No me importa lo que hagan; quítenle un pedazo más grande al cliente nro 277.377 o al 299.399. ¿Comprendiste, Danilo?
-Aguárdeme un segundo. Lo voy a comunicar con mi supervisor.
Novena sinfonía. El cliente nro 288.388 esperó alrededor de diez minutos por el supervisor:
-Sí, señor. Danilo me cuenta que tiene problemas con el video.
-Eso es correcto.
-Lo lamento, pero acá no tratamos ese problema.
Si todos los servicios de los países tercermundistas fueran la mitad de eficaces de lo que dicen ser, el cliente nro 288.388 no debería recurrir a los catálogos de lencería.
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